Siempre deseé tener una bañera con patas de león doradas. Una de esas antiguas y cuarteadas, llenas de historia. Si yo hubiera tenido una de esas bañeras la habría llenado de agua hirviendo y sales aromáticas, le habría echado mucho gel para que hiciera mucha espuma, tanta que cuando me metiera dentro aguantándo el calor del agua, solo se me viera la cabeza.